Marihuana II

En 1971, a las 4:20 de la tarde, en la secundaria San Rafael de California los estudiantes se reunían a fumar marihuana a ritmo de Beatles, hippies y la consigna de hacer el amor en vez de la guerra. Así nació el 20 de abril o 4-20, como señal de rebeldía y contracultura para recuperar para todos la marihuana que había sido raptada con la prohibición de los racistas y demás agentes de lucro en 1935.

La prohibición de licores en Estados Unidos duró hasta 1933, fue un fracaso en múltiples frentes desde su inútil propósito de disminuir alcohólicos, hasta la caída en agricultura, economía, impuestos y la sustitución de bares y salones por sitios clandestinos, todos contribuyeron a la corrupción y rápido surgimiento de mafias traficantes que hasta el día de hoy se nutren de las políticas de prohibición y criminalización de substancias. El indiscutible fiasco de aquella política no fue freno a la aparición de una nueva prohibición, esta vez a la marihuana. Las presiones tuvieron varios frentes: el racismo contra mexicanos que migraban con sus cigarros de diversión, contra afroamericanos que interactuaban con blancos gozando del blues y jazz y los intereses crecientes de farmacéuticas que necesitaban patentar medicamentos y eliminar la planta que por siglos había ayudado a pasar las penas casi gratuitamente, más el sistema de represión policial.

En 1965 el Dr. Mechoulam aisló dos componentes responsables de muchos efectos de la planta: THC y CBD, afianzando a Israel como el centro mundial en investigación del uso medicinal de la marihuana. Uso descrito hace 5 mil años por el emperador chino Shennong y que hoy se respalda en estudios científicos para más de 200 enfermedades. En este lustro se describe el sistema endocanabinoide humano que muestra cómo producimos sustancias similares a cannabis en el cuerpo, para lo cual tenemos receptores que interactúan con marihuana en casi todas nuestras células. Empieza a entenderse por qué es eficaz la marihuana en combatir enfermedades tan diversas. Algunos ejemplos son la disminución de movimientos involuntarios que alivian los síndromes de Parkinson, Tourette y epilepsia, sobre todo en niños; regulación de autoinmunidad dando esperanza en esclerosis múltiple, artritis y lupus; ayuda a olvidar traumas como violaciones y guerras en estrés postraumático; o en la enfermedad contraria el Alzheimer, a recobrar memoria y pensamiento. Hace décadas se usa marihuana porque reduce los estragos de quimioterapia: dolor, depresión, insomnio, bajo apetito, diarrea y náusea, y ahora incluso promete curar distintos tipos de cáncer.

Una planta que solo necesita de agua y tierra en una maceta de nuestra casa se convierte en amenaza para industrias farmacéuticas y corporaciones que lucran de enfermedades y corrupción de sistemas de seguridad inútiles.

Frente a la discusión de la ley de prevención de drogas proponemos un trato ético basado en evidencia científica, guiados por técnicos con experiencia antes que por creencias e ilusiones morales personales. Desafiar el statu quo con un Instituto de Investigación de Drogas y Alcohol, que no necesita construir otro edificio sino dar recursos para traer científicos como el Dr. Guzmán y su equipo de la Complutense para los usos terapéuticos contra el cáncer y más enfermedades, proponer el cultivo estatal de marihuana en los abandonados terrenos de Yachay, regular su distribución y comercialización, etcétera. Les invito a volar, a no hacer más daño, a legalizar.(O)

Fuente

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Una planta muy peligrosa

by on septiembre 17, 2012 with 0 Comments in Opinión , Portada

México, como todos los demás países, tiene una lista negra de sustancias prohibidas para la población general. Sin embargo, hay que mirar más a fondo esta lista y cuestionarnos si verdaderamente vale la pena que continúen siendo ilegales, y cuáles de las permitidas deberían, a su vez, ser eliminadas del comercio. Si bien existen decenas de drogas y cientos de efectos causados por ellas, me limitaré a hablar principalmente sobre el tabaco, el alcohol y la marihuana.

En nuestro país, la cuarta principal causa de muerte es la cirrosis (cifra: MexicoMaxico). Esto significa que más de 25,000 mexicanos mueren anualmente por una enfermedad cuya procedencia primaria es el alcoholismo. Además, el número no incluye aquellas personas que mueren por accidentes automovilísticos provocados por conducir en estado de ebriedad, ni asesinatos, ni accidentes relacionados. De esta forma, asumimos que el número real de incidentes provocados directamente por el alcohol es mucho más alto. Estamos hablando de una sustancia que no sólo deprime al consumidor, sino que lo puede tornar violento, vuelve lentos sus reflejos, desgasta el hígado y hasta deforma al feto durante el embarazo.

Viremos nuestra atención ahora hacia el tabaco. El tabaquismo es responsable de más de 50,000 muertes anuales en México, de las cuales una de cada tres es de fumadores pasivos (cifra: El Universal). Es bien sabido que los cigarros contienen cientos de toxinas dañinas para el organismo, elimina el hambre, causa dependencia al igual que el alcohol y provoca un sinfín de cambios negativos en el cuerpo, desde cánceres hasta enfisema pulmonar.

En cambio, la marihuana no sólo no causa dependencia, ni malformaciones, ni afecta en mayor grado de manera negativa al organismo. Al contrario, estimula el apetito, en vez de privarlo como el tabaco. Calma, en vez de violentar, como el alcohol. Es extremadamente efectivo como anestésico para enfermedades crónicas y fines terapéuticos, y la lista podría seguir y seguir.

Entonces, ¿por qué legalizar drogas tan peligrosas, pero penalizar a otras más benéficas? Todo comenzó con Estados Unidos a principios del siglo pasado. En esa época, se explotaban muchos beneficios del cáñamo: como productor de combustible vegetal, de textiles, de papel y demás. Entonces, las grandes corporaciones de la época, al verse amenazadas por una planta tan versátil, presionaron al gobierno para penalizarla repartiendo mentiras sobre su supuesta peligrosidad como narcótico.

Es impresionante que aún en pleno siglo XXI, cuando sabemos los beneficios reales de esta planta, no sólo como producto de consumo directo sino como posible solución a problemas ambientales (el papel derivado del cáñamo requiere siete veces menos esfuerzo de producción, y se extrae cuatro veces más papel que con un árbol),  todavía no consideremos el despenalizarla en pleno.

Pongámoslo desde otra perspectiva: no sólo se evitarían arrestos innecesarios de consumidores pasivos, sino que además privaríamos al narcotráfico de una de sus principales fuentes de ingresos. Legalizar el cáñamo sería un duro golpe para la gente que quiere evitar el progreso económico y social del país y del mundo anteponiendo intereses personales y corporativos.

No es secreto que durante la historia moderna las grandes compañías han sido los verdaderos mandatarios de diversas naciones. Reparten mentiras y exaltan falacias a conveniencia, e invierten cantidades de dinero absurdas para manipular a los consumidores. Desgraciadamente, la mayoría de éstos consumidores forjan sus convicciones en base a la información repartida por estas corporaciones, y la heredan a sus hijos y a los hijos de sus hijos.

Hay una distinción importante qué hacer después de leer lo anterior: mi posición en el asunto no es de legalizar de un día para otro una planta que marcaría una revolución social en México. Avoco por un cambio paulatino, en el que se regule el consumo y producción de la planta, para que eventualmente se eliminen por completo los estigmas que le han dado a través de los años. Como dato cultural les menciono: la marihuana no ha causado nunca, en la historia de la humanidad, una sola muerte ya sea por sobredosis o cáncer. Cuando tenemos de un lado de la balanza un mínimo de 75,000 muertes anuales, y del otro lado cero, es hora de reflexionar sobre nuestras decisiones.

Fuente:Elaltavoz

Legalizar la marihuana

Publicado el Martes 3 de Enero de 2012

Rubén Cortés

El editorial del lunes pasado del periódico capitalino La Razón debería dar pie a una discusión nacional sobre la legalización o no de la marihuana:

Aquí nos matamos para evitar que la yerba llegue a Estados Unidos. Gastamos una millonada en armamento, aeronaves, controles carreteros e inteligencia para impedir que pase marihuana al norte. Y allá la siembran, la venden, la presumen y la consumen. Ya basta, ¿no?

No hay que temer a la discusión y debemos exigirnos primero a nosotros mismos, no a otros, como el vicecoordinador del PAN en el Senado, Alejandro Zapata:

“Es hora de reclamar a Estados Unidos porque, aunque argumenta que la venta de marihuana es con fines medicinales, es inadmisible que se haga de la vista gorda y deje que cualquiera la compre”.

Pero la de Zapata es una posición. Veamos las dos más persistentes. La primera, a favor:
–El “uso medicinal” es la manera correcta encontrada por Estados Unidos para controlar un negocio supermillonario del que hoy solo se beneficia la delincuencia. Según la Casa Blanca, el 60 por ciento del ingreso de los cárteles mexicanos proviene de la marihuana.
–Alemania, Holanda y Portugal no desean que Washington se coma solo el pastel, y pidieron a la ONU una convención para revisar la prohibición de la marihuana.
–México debería sumarse y encontraría una salida políticamente correcta al tema e incentivaría un debate nacional como parte de un acuerdo internacional amparado por Naciones Unidas. En todo caso, le será cada vez más difícil mantener invariable su actual política antidroga.
–Las prohibiciones no suelen ser solución. Por ejemplo, la prohibición del alcohol en Estados Unidos (1919-33) aumentó el consumo y provocó que fueran 45 mil nuevos presos a las cárceles y surgieran los más grandes gangsteres, como Al Capone, John Dillinger o El Gusano Siege.

La segunda, en contra:

–Tras la legalización, el narco continuará el negocio de manera más agresiva, pues a sus competidores tradicionales se sumará otro más poderoso, el Estado.
–Tampoco es totalmente cierto que la legalización resolvió el problema en otros países, como Holanda, donde socialistas y liberales buscan que el Ministerio de Salud dicte normas más estrictas.
–“Empezamos tolerando narcosalas para jóvenes y los criminales se adueñaron de ellas. Ahora prácticamente toleramos la organización de redes criminales”, asegura Rob Hessink, ex jefe de policía de Rotterdam.
–En Suiza, tras un experimento de tolerancia en un parque público, los precios bajaron, por no estar perseguido el tráfico, pero la droga se masificó y los adictos encontraron más facilidades.

¿A favor o en contra? Toda respuesta será apresurada sin un debate que no puede tardar.

Porque, en este tema, llevamos demasiado tiempo con la cabeza metida bajo el ala.

Fuente: El arsenal

Una hierba Medicinal

por R. C. Randall*

Después de más de medio siglo de prohibición, prácticamente hemos olvidado las remarcables propiedades curativas que se han reconocido a la marihuana durante 5000 años. Esta ausencia de memoria nos ha privado de los beneficios ancestrales de esta planta, que además es de muy fácil cultivo.

 La marihuana es citada en los primeros escritos de la medicina, lo que nos incita a pensar seriamente que su uso está extendido desde la protohistoria. La primera mención se encuentra en una obra china sobre las hierbas medicinales datada en el año 2727 a.c.  Los chinos reconocían en la marihuana la propiedad de calmar los trastornos digestivos y de mejorar el estado de los que sufrían enfermedades nerviosas. Se trata de un reconocimiento común a toda la Antigüedad. Se encuentran huellas en las medicinas india, griega, egipcia y romana. Cada una de esas culturas utilizaba la planta con los mismos fines, de ahí la imposibilidad de que los datos históricos sean falsos.

 Después de la caída del Imperio Romano, Europa no abandonará la marihuana. Al finalizar la Edad Media, se usaba una mezcla de cannabis y mantequilla a modo de pomada para aplicar sobre heridas e inflamaciones de la piel.

 Con el advenimiento de los cambios climáticos (Europa inició su camino hacia el frío), el cannabis europeo vio probablemente alterada su composición química. Día a día su uso va cesando a mediados del siglo XVI, pero conserva muchas otras aplicaciones fuera del dominio médico: era, por ejemplo, indispensable en la fabricación de todo tipo de cordelería.

El interés que suscitaba la fibra de cáñamo fue creciendo con la constitución de grandes flotas navales y mercantiles. en una época donde se abrirían nuevas rutas marítimas hacia Asia y se descubriría el Nuevo Mundo.

Las colonias inglesas ilustran  perfectamente la importancia vital que tenía entonces la cultura del cáñamo. Después del tabaco, es el cáñamo el que sustentaba  la colonia de Virginia gracias a sus exportaciones a Inglaterra.

La ausencia de memoria nos ha privado de los beneficios ancestrales de esta planta,reconocidos durante 5000 años.

Los ingleses fueron los primeros en comprender cuánto podía aportar el cannabis a la farmacéutica. tanto por  su as pecto terapéutico como puramente comercial. En la India, los  médicos enseñarán a sus colegas británicos las múltiples aplicaciones de ese remedio.

El Dr. William O’Shaunessey, que ejercía en Calcuta, pudo constatar que la ingestión de marihuana podía, a condición de ser perfectamente dosificada, calmar los espasmos y convulsiones de los pacientes afectados por la rabia o el tétanos.

El interés que suscitó el cannabis en el cuerpo médico británico no tardó en extenderse rápidamente al resto del mundo. La primera aportación americana sobre el uso terapéutico de la marihuana data de 1860: se trata de un escrito de la sociedad médica de Ohio sobre la acción de la planta en caso de espasmos y convulsiones, así como sus efectos sobre trastornos intestinales. Durante la guerra civil norteamericana, la marihuana era el principal analgésico de las tropas yanquis hasta la introducción de la morfina inyectable, a finales de 1863. En el cambio de siglo, la marihuana se había convertido en un remedio corriente. La reina Victoria, por ejemplo, la utilizaba para atenuar los dolores menstruales. Su médico, el Dr. Reynolds, escribió en su diario alrededor del 22 de mayo de 1890: “Parece ser que hay muchos casos de epilepsia en la población adulta, creo que se trata de males de origen nervioso y que el cáñamo indio (marihuana) cura de manera muy remarcable”.

  La literatura médica, sobre todo a finales del siglo XIX, hace numerosas alusiones a la marihuana referentes al tratamiento, entre otros, del dolor, los espasmos, las depresiones y los trastornos digestivos. Los textos americanos de esta época indican que la marihuana estaba recomendada para una cincuentena de enfermedades comunes, como mínimo.

  La marihuana no sólo aportaba alivio al enfermo: muchas veces era utilizada para combatir la infección. En forma concentrada, la planta tiene un poder antivírico sorprendente, aunque no se ha establecido del todo la medida. A principios del siglo XX, con la introducción de la heroína y de la cocaína y, por consiguiente, la aparición de los sulfamidas, el interés por el cannabis se atenuó. Aun así la planta se conservó algún tiempo bajo la forma de tinturas y extractos.

  En las preparaciones con base de alcohol o de aceite, la marihuana se deposita en el fondo del recipiente. De ahí los problemas de dosificación a la hora de tomarla. La nueva industria química y farmacéutica puso en marcha investigaciones concertadas para levantar el velo que cubre los misterios de las propiedades terapéuticas de la marihuana. Pero fue en vano. A pesar del dinero destinado y los esfuerzos dispuestos, los químicos se declaran incapaces de aislar las substancias activas de la marihuana.

  Ante la incapacidad de aislar y patentar las substancias químicas de la marihuana, los laboratorios farmacéuticos se desinteresan de la planta hacia 1936. 0, dicho de otra manera, es más fácil y provechosa la fabricación de substancias sintéticas.

 Este brusco desinterés de la comunidad farmacéutica fomenta el juego de aquellos que buscaban la prohibición de la planta extranjera, utilizada de manera hedonista (para drogarse) por los americanos no blancos. Y más concretamente esa marihuana que fumaban los obreros mexicanos que entraban ilegalmente en Estados Unidos atravesando a nado el Río Grande; o la marihuana que consumían los negros americanos que, huyendo de la miseria sórdida del sur, venían a amontonarse en los ghettos del norte y el medio-oeste industriales. Toda prohibición, sea cual sea, sirve, en realidad, a la clase dominante para reprimir a las minorías.

  En 1937, a raíz del debate en el Congreso a propósito de la ley fiscal sobre la marihuana (Marijuan Tax Act), una de las pocas organizaciones que se levantan contra la prohibición fue la AMA (American Medical Association). Su portavoz en Washington, el Dr. Willíam Woodward, declaró ante la comisión de Finanzas: “Nuevos trabajos con métodos modernos podrían revelar la existencia (en los compuestos químicos de la marihuana) de propiedades terapéuticas aún desconocidas”. La AMA se oponía a la prohibición por dos razones:

 1-De entrada, la AMA había llegado a la conclusión de que la marihuana no era lo suficientemente peligrosa como para justificar la puesta en marcha de leyes prohibitorias acompañadas de sanciones penales.

 2-Por consiguiente, la AMA tenía la facultad de disponer de marihuana para-un uso médico.

  El Congreso aplicó una decisión salomónica optando por la prohibición social aunque reconociendo a la marihuana una utilidad terapéutica potencial. El FBN (Federal Bureau of Narcotics), exasperados por la oposición de la AMA, publicó un reglamento de más de 60 páginas que contemplaba las modalidades de uso de la marihuana en el dominio médico.

  Desalentados por tal montaña de papeles y normas, los médicos no tardaron en desinteresarse de la marihuana. Al estallar la II Guerra Mundial, la marihuana había desaparecido de la farmacéutica nacional en Estados Unidos. Durante más de 30 años, las únicas investigaciones sobre el cannabis fueron hechas por los servicios secretos americanos, encuadradas en un vasto programa conocido por el nombre de MK-Uftra. Lo que se descubrió en esas investigaciones, no lo sabremos jamás. La totalidad de los dossiers de MK-Ultra fue destruida en 1973, cuando la crisis del Watergate amenazaba la caída del presidente Richard Nixon y exponer a la luz del día las actividades poco avalables de los servicios de información.

 

 En 1845, el psiquiatra francés  Moreau de Tours publicó sus investigaciones sobre el hachís en una monografía científica fundamental: Du hachísch et de l’eti énetion menta/e. El estudio científico de Moreau de Tours se basaba en los efectos del cannabis. Exploró la utilización de este alucinógeno en Egipto y el Cercano Oriente, con el que tuvo experiencias personales, además de con otras sustancias psicoactivas. Concluyó que los efectos se parecen a ciertos desórdenes mentales. y sugirió que podían ser usadas para provocar psicosis modelos.

 Se dice que el emperador chino Shen-Nung fue descubridor de las propiedades medicinales de muchas plantas. Su farmacopea, que se piensa fue compilada por primera vez en el año 2737 a.C, consigna que la Cannabis sativa incluye tanto plantas masculinas como femeninas.

  Paralelamente a esa desaparición de la marihuana en el mundo médico, se producía otro fenómeno poco atendido; las leyes prohibitorias se volvían contra una nueva minoría, en este caso los jóvenes. La marihuana se convierte, para los jóvenes americanos blancos de clase media, en un instrumento de protesta que les permite hacer frente a los excesos de autoritarismo creados por conflictos como el del Vietnam.

  El nacimiento de una contracultura americana se acompaña de un uso recreativo de la marihuana. La prohibición se convirtió entonces en un arma en manos de las autoridades. Las tensiones intergeneracionales se acentuaron a medida que aumentaba el envío de jóvenes al sureste asiático. Richard Nixon puso fin a la guerra contra la pobreza lanzada por Lindan Johnson y declaró la guerra a la droga. Para cebar esta nueva política, hacía falta una ley que impusiera un control general de substancias tóxicas (Uniform Controlled Substances Act), una especie de catecismo de las drogas permitidas y las prohibidas.

  Objeto de ataques histéricos, la marihuana fue, ante la ausencia de información verídica (a pesar de que los textos históricos elogiaban sus propiedades curativas), declarada nociva, inútil  médicamente hablando y socialmente peligrosa. Todo acceso legal a la marihuana, incluso para uso médico, quedó expresamente prohibido.

 Deseoso de justificar el rigor de las sanciones penales, el Congreso autoriza un estudio “profundo” del cannabis. Mientras tanto, la CIA se empleaba en destruir dos decenas de trabajos de investigación sobre el tema. El objetivo de los nuevos estudios, efectuados con transparencia, era bien simple: hacía falta demostrar que la marihuana era tan peligrosa como pretendía la ley.

 Hoy en día, 20 años y 200 millones de dólares después, el Gobierno aún se esfuerza para justificarse. Lo que en un principio debía ser una tarea fácil (probar que la marihuana es el diablo) se presentó como una tarea imposible, amparada sobre inconvenientes menores y consecuencias clínicas insignificantes.

Una planta fuera de lo común

 El cannabis es en el reino vegetal un espécimen remarcable; contiene más de 400 substancias químicas. Más de una sesentena de esas substancias no se encuentran en ningún otro lugar de la naturaleza -salvo, como dejan pensar los últimos descubrimientos, en ciertas zonas receptivas del cerebro humano-. Estos descubrimientos sugieren la existencia de unos lazos profundos de unión entre el ser humano y la marihuana hasta ahora insospechados, incluso para los más fervientes partidarios de la planta.

Otra cualidad única de la marihuana digna de ser anotada: su increíble omnipresencia geográfica. Contrariamente a la mayoría de las plantas que crecen sólo en condiciones determinadas, el cannabis crece en todos los climas; se adapta igual al calor tórrido de los trópicos que a los fríos polares del circulo ártico. Seencuentra en tierras húmedas, en alta montaña y en las llanuras semi-áridas. El único sitio donde la marihuana no crece en estado salvaje es en la Antártida.

 

  La marihuana y la ciencia moderna

Una de las consecuencias de la existencia de un conjunto sólido de trabajos científicos es el redescubrimiento imprevisto de las propiedades curativas evidentes de la marihuana. Desde las primeras investigaciones públicas amenazantes, los investigadores y los médicos recordarán las aplicaciones beneficiosas de la marihuana.

  En 1970, al principio de estos trabajos científicos, un oftalmólogo del Jules Stein Institut de la Universidad de California (UCLA) descubrió por azar que la marihuana disminuía de forma significativa la tensión inter-ocular y era susceptible de intervenir en el tratamiento del glaucoma, una de las causas principales de la ceguera en el mundo. A causa de esta temible enfermedad, cada año, más de 100.000 americanos, una vez agotadas las terapias convencionales, deben resignarse a volverse invidentes.

 En la década de los 80 la prohibición médica fue calificada como “poco razonable arbitraria y extraña”

  En 1972, los médicos del centro anticancerígeno de Sidney Farber en Boston, descubrieron que, entre sus pacientes jóvenes, los que fumaban marihuana sufrían menos náuseas después del tratamiento químico. En 1975, los médicos de Harvard quisieron evaluar el papel de la marihuana en el tratamiento de los efectos secundarios de la quimioterapia. Los investigadores de Harvard se toparon con un muro burocrático. Las autoridades federales les negaron el derecho a usar el producto verdadero: debían conformarse con el sintético THC , el principio activo de la planta que produce el efecto suspendido al consumidor.

  El THC, como pudieron comprobar los investigadores de Harvard, era eficaz, pero menos -según los mismos enfermos-que la verdadera marihuana.

  El Dr. Norman Zinberg, que participó en el proyecto, explica que una cuarta parte de los pacientes atendidos abandonaron el tratamiento para procurarse verdadera marihuana en la calle. Una serie de trabajos posteriores del NCl (National Cancer Institute) llegan a la misma conclusión. Se daba THC a los pacientes. Al principio, las pastillas parecían hacer efecto, Pero los enfermos no tardaron en volver a sentir náuseas. El director de investigaciones, el Dr. Alfred Chang, suministró a esas personas marihuana y de nuevo el tratamiento se mostró eficaz a más largo plazo . En conclusión, el Dr. Chang explicó que el 90% de enfermos de cáncer que tomaban marihuana sufrían menos náuseas y vómitos que los otros.

  En la misma época, el Dr. Denis Petro, neurólogo, se propuso estudiar los efectos de la marihuana sobre las condiciones neurológicas. Durante años, el Dr. Petro y otros neurólogos habían oído decir por los enfermos afectados de esclerosis en placas que la marihuana contribuía a aliviar los espasmos violentos, ligados a esta afección degenerativa del sistema nervioso. El Dr. Petra chocó a su vez con la rigidez del sistema burocrático y le fue prohibido utilizar otra cosa que no fueran las pastillas de THC sintético. En medio de todos estos descubrimientos científicos comenzaron a producirse demandas de reforma, tanto a nivel político como jurídico.

  En 1975 fui detenido por haber hecho plantar cuatro plantas de marihuana Aquejado de glaucoma, me enfrenté a mis acusadores argumentando que, por lo que a mí respectaba, el consumo de marihuana respondía a una pura y simple necesidad médica. Mis abogados expusieron mi caso y ciertos trabajos científicos donde se demostraba que sin marihuana estaba condenado a quedarme ciego. En una deci sión insólita, el tribunal Falló que la marihuana era una necesidad médica en el tratamiento de la glaucoma, y las agencias federales aceptaron proporcionármela legalmente.

  En 1978, Lynn Pierson, un joven cancerígeno de Nuevo México, se peleó con las instituciones de su Estado para obtener legalmente la marihuana. Resultado: Nuevo México fue el primer estado en reconocer los servicios terapéuticos de la marihuana. Por consiguiente se puso en marcha el primer programa oficial que legisló el uso médico de la marihuana. En Nuevo México, entre 1979 y 1896, más de 250 enfermos obtuvieron el permiso de conseguir marihuana legalmente bajo control médico. Un estudio detallado demuestra que más del 90% de los enfermos evolucionaron mejor.

  Cieno número de estados siguieron los pasos a Nuevo México. En 1983, 34 parlamentos de Estado se habían decidido contra la prohibición médica de la marihuana. Las agencias federales encargadas de problemas con la droga no se mostraban demasiado dispuestas a ceder. Hizo falta ejercer terribles presiones para que aceptaran devolver el THC disponible para uso médico (1980) Y concedieran a los laboratorios privados el derecho a fabricar esta sustancia química sintética (1986).

  E l THC, apodado la pastilla de hierba (por pill). a la venta bajo el nombre de Marinol, es a partir de entonces administrado bajo indicación a los enfermos de cáncer.

  Paralelamente, asociaciones de prestigio representantes de colectivos de abogados y médicos pidieron aJ Congreso que pusiera fin a la prohibición médica contra el uso de la marihuana. El Tribunal Federal ordenó a la DEA (Drug Enforcement Agency) -servicio encargado de la aplicación de las leyes sobre la droga-que organizara una serie de comisiones sobre el uso médico de la marihuana. Los informes recogidos por las comisiones que se llevaron a cabo entre 1986 y 1989, se presentaron bajo la forma de un repertorio exhaustivo sobre los usos médicos de la marihuana en el siglo XX. Más de 60 especialistas -entre investigadores y médicos-fueron entrevistados. Y así es como se llenaron más de 5.000 páginas con testimonios de todo tipo y algunas de ellas son verdaderos trabajos científicos que se quedaron en los archivos.

  Como resultado de estas comisiones, el propio juez administrativo de la DEA decretó que la marihuana tiene una innegable utilidad terapéutica. Recomendó que fuera liberada, bajo prescripción, para el tratamiento de enfermedades que pusieran en peligro la vida o los órganos sensoriales de los pacientes. Condenó la prohibición médica impuesta por la DEA y la calificó de “poco razonable, arbitraria y extraña”,

  En diciembre de 1989, las autoridades de la DEA declinan la decisión del juez y deciden mantener la prohibición sobre el uso médico de la marihuana. De nuevo multitud de organizaciones se levantan contra esa decisión y pretenden llevar su propuesta ante el Tribunal Federal. En la actualidad el proceso está aún en curso.

Una ”necesidad médica”

Los enfermos de Sida se suman actualmente a los grupos de los cancerígenos, enfermos de glaucoma, de esclerosis en placas, etc., para pedir que se ponga fin a la prohibición médica sobre el uso de la marihuana. Se apoyan en sólidas informaciones científicas y médicas, sostenidas por las jurisdicciones del Estado y por los juzgados, que estipulan que la marihuana es, a veces, una verdadera “necesidad médica” para ciertos enfermos. El movimiento en favor de su uso médico puede tomar camino del Congreso.

 Las agencias federales encargadas de los problemas de la droga no tienen la menor intención de dar su brazo a torcer. La guerra de la droga, que ha transformado nuestros pueblos en un campo de batalla y nuestras calles en frentes sangrientos, ha privado a tres generaciones de americanos de acceder legalmente a los beneficios terapéuticos de la marihuana. Debemos ser conscientes de que estos pueden aportar una ayuda preciosa. En el llamado Tercer Mundo, por ejemplo, donde los medicamentos son, en el mejor de los casos, extraños, la marihuana podría contribuir a aliviar los sufrimientos de muchos enfermos.

Fuente:   Artículo extraído de la revista The Truth Seeker y publicado en el libro Premiére Joumée Internationale du Cannabis celebrada el 18de junio de 1993. (Traducción: Felipe Borrallo)

“Defiendo profundamente el derecho a fumarse un pito”

El abogado Aldo Duque quiso dar su opinión respecto a la Operación Jamaica, que tiene a varias figurillas de la farándula metidas en un zapato chino. Primero fue el turno de los chicos de Yingo y ahora Arturo Prat, un ex chico reality al que se llevaron en cana ayer. Aquí el jurista los defiende y critica a las autoridades.

“Meter presa a una persona por cultivar cuatro plantas de marihuana en un clóset equivale -en términos reales- a meter presa a una persona por tener veinte cajetillas de cigarros en su clóset. ¿A quién se le ocurriría meter presa a una persona por tener cigarros? ¿O a quién se le ocurriría meter presa a una persona por tener vino guardado en su bodega?

Me repugna esto porque no puede ser casualidad que un día, tarde, en la noche, un equipo periodístico justo se encuentre filmando un auto que nadie sabía que llevaba droga y justo capture el operativo de los policías.

Creo que esto es un circo. Lo que la autoridad pretende es dar muestras de eficacia en el combate a la droga. Entonces montan estos shows pirotécnicos donde aparecen capturando peligrosas, entre comillas, bandas de narcotraficantes con cuatro matas de marihuanas en el clóset.

Eso es patético porque los que estamos todos los días en tribunales viendo y tomando audiencias, nos damos cuenta de que son cientos de este tipo de audiencias que se toman y nadie, en la gran mayoría de los casos, queda preso. Se soluciona rápidamente en un juicio abreviado que dura pocos minutos y donde no hay ninguna expectación y ninguna publicidad.

¿Pero qué se hace acá? Cuando se trata de alguna figura de un medio de comunicación -o que es de la farándula- se montan estos espectáculos pirotécnicos con el afán de aparecer ante la opinión pública mostrando una gran eficiencia en el combate contra la droga cuando de verdad todos los que estamos en el medio sabemos que no es más que un espectáculo porque esto es un chiste. El Estado pierde su tiempo en la lucha contra las drogas.

Hay que sacar esta cuenta: ¿cuántos policías están destinados a esto? ¿Cuánto gasta el Estado? Son veinticinco o treinta policías, por lo menos, escuchas telefónicas y coches policiales para perseguir a estos “peligrosos” narcotraficantes.

Todo eso tiene un costo altísimo. ¿Y quién paga eso? Todos los contribuyentes. ¿Para qué? Se gastan miles de millones de pesos en la persecución y desbaratamiento de “peligrosas” bandas y, al final, no se incauta ni el cinco por ciento de las drogas que entran a este país.

Si la décima parte de lo que se invierte en la represión se empleara en prevención y si de una vez por todas nuestros legisladores dejan la hipocresía de la cual hacen parte a las instituciones policiales y se definen a legalizar, sería distinto.

Además hay que distinguir qué tipo de marihuana es. ¿Ha informado el Instituto de Salud Pública cuán alucinógena es esa marihuana? No sabemos. A lo mejor ni siquiera es una que esté con productos químicos y sea todavía más inocua que las otras marihuanas.

Yo no fumo. Ni cigarros. Me tomo algunos tragos de vino de cuando en cuando. Pero defiendo profundamente el derecho de las personas a fumarse un pito de marihuana porque entiendo que eso no causa ningún daño severo. Todos sabemos cuánta gente mata el alcohol. Todos sabemos cuánta gente mata el tabaco. Pero nadie sabe cuánta gente mata la marihuana y sin embargo es la única que se sanciona”.

Fuente:The clinic

Marihuana: El gran engaño

Una de las características de nuestra especie es que sus individuos somos, al tiempo que gregarios y cooperativos, o precisamente por ello, fácilmente manipulables, ingenuos e incautos.

Si bien es cierto que en muchas ocasiones actuamos con excesivas precauciones en el trato con nuestros semejantes, somos muy confiados con otros asuntos que afectan, a veces de forma que no alcanzamos ni a sospechar, a nuestra existencia.

Hay libertades que no pueden ser otorgadas o conquistadas a medias, y el derecho al propio cuerpo forma parte del derecho mismo a la vida. Haga cada cual lo que quiera con su cuerpo mientras no dañe o perjudique a los demás. Personalmente siempre preferiré un jerez o un té verde a un cigarrillo de hachis, pero sobre gustos no hay nada escrito, aunque siempre habrá quien necesite imponer su verdad. Creerse en posesión de la verdad única y absoluta, la gran prueba de la estupidez humana.

     La triste historia de esa planta que llamamos cáñamo o marihuana puede ser un buen ejemplo tanto de engaño como de ingenuidad humana. Llevaría horas resumir los usos que las diferentes sociedades han dado al cáñamo desde hace no siglos, sino milenios. Asombra comprobar que ha sido uno de los vegetales más extendidos y utilizados: para uso textil, pocos jóvenes saben que los primeros pantalones vaqueros estaban confeccionados con cáñamo, mucho más resistente que los actuales de algodón; sogas y cuerdas de todo tipo, velas de barcos, cestos, ropa, etc. etc. También tuvo usos medicinales, reflejados en innumerables textos a lo largo de los siglos. Los recientes descubrimientos acerca de sus efectos beneficiosos para pacientes sometidos a quimioterapia no son más que una de las tantas utilidades que el ser humano le ha encontrado a esta planta.

Su uso lúdico como estupefaciente, utilizado para producir una especie de borrachera leve, no ha sido, desde luego, el principal, aunque se le dió especial importancia en algunas culturas para actos sacramentales, como medio de comunicación con sus dioses, de forma muy parecida a como los cristianos usan otra droga, el vino, en la ceremonia religiosa de la misa.

¿Qué ocurrió, entonces, el siglo pasado para que esta planta tan aparentemente útil fuera prohibida de repente en Estados Unidos y luego paulatinamente en el resto del mundo?

     Es aquí donde nos encontramos con un ejemplo típico de candidez de las sociedades humanas, de manipulación y de, también hay que decirlo, lucrativo negocio al estilo americano.

En los años treinta el papel se obtenía industrialmente de dos fuentes: del cáñamo, que daba lugar a un papel de excelente calidad, sumamente ecológico y que tenía como único inconveniente que requería mucha mano de obra para el cuidado y recolección de la planta, y de la madera, sistema que aún se sigue utilizando hoy en día y que, como todos sabemos, además de provocar una grave deforestación, da lugar a una de las industrias más contaminantes.

Los años treinta, como prácticamente todo el siglo pasado, fue una época de inventos en todas las áreas, y entre las innumerables máquinas que se crearon y que hicieron menos duras las labores agrícolas se encontraba el descortezador mecánico. Con este aparato la obtención de papel a partir del cáñamo pasaba a ser no solo el sistema más ecológico, sino también el más rentable.

     ¿Por qué entonces en esa misma época se prohibió el cáñamo en vez de aumentar su producción?

     Llegados a este punto entran en escena tres personajes: el primero es William Randolph Hearst, el hombre más rico del mundo en su época. Hearst era propietario de una importante cadena de periódicos en Estados Unidos y como sus empresas consumían grandes cantidades de papel, pensó que podría reducir costes si él mismo compraba los aserraderos y demás empresas relacionadas con la producción de papel, y así lo hizo, invirtiendo en ello enormes sumas de dinero. Pero en 1935, con el invento del descortezador mecánico antes mencionado, mientras miles de familias de agricultores en todo el muno soñaban con un futuro mejor, Hearst se preocupaba por los aserraderos y fábricas procesadoras de pasta de papel que había comprado, condenadas a una ruina inminente.

Pero lejos de resignarse y admitir que seguiría siendo multimillonario, pero vería su fortuna reducida en parte, decidió que tenía que haber alguna forma de vencer a su nuevo enemigo, esa planta que daba papel de mejor calidad, más barato y sin apenas usar productos químicos en su elaboración. Y utilizó para ello su mejor arma: la manipulación informativa a través de los periódicos de su propiedad. Inició una campaña en la que presentaba al cáñamo, la marihuana, como el origen de todos los males: delitos, violencia, etc. Hearst nunca incluyó en los artículos de sus periódicos ni un sólo informe médico o científico porque todos ellos decían claramente que no se trataba de una planta peligrosa y que tenía, en cambio muchas cualidades positivas, tanto medicinales como de uso industrial. A pesar de ello, millones de americanos le creyeron y empezaron a ver un enemigo en una de las plantas más útiles al ser humano y que era también, entre decenas de usos, fumada por quien le apeteciera, como lo habían hecho, entre otros muchos, los serios y respetables presidentes George Washington o Tomas Jefferson, ambos conocidos y declarados cultivadores y consumidores de marihuana. 

     Pero no era suficiente tener a la opinión pública de su lado para conseguir prohibir un cultivo tan beneficioso, Hearst necesitaba algún cómplice poderoso, y aquí entra en escena el segundo personaje: la empresa petroquímica Dupont, que ya entonces contaba con plantas de producción distribuidas por toda América. Esta empresa también tenía sus razones para combatir a esa planta que se empeñaba en seguir siendo tan incómodamente útil: por una parte Dupont tenía la patente del ácido sulfúrico, muy contaminante, pero utilizado en grandes cantidades en el procesamiento de la pasta de papel obtenida de la madera, con lo que Hearst era uno de sus mejores clientes. Por otra parte, Dupont acababa de desarrollar dos fibras artificiales, el rayón y el nylon, que encontraban en el cáñamo a un ecológico e incómodo competidor.

Los intereses de las empresas de Hearst y las de Dupont coincidían plenamente. Dupont tenía contactos en las altas esferas de la política y las finanzas americanas, entre ellos Andrew Mellon, que era presidente del Mellon Bank, el principal proveedor de recursos financieros de Dupont. La sobrina de Mellon estaba casada con nuestro tercer personaje, Harry Anslinger, comisionado del Departamento Federal de Narcóticos, un individuo que ha pasado a la historia vinculado a varios asuntos turbios que no vienen al caso. Este fue el político ruidoso y tenaz que defendería los intereses de Hearst y Dupont, enarbolando la bandera de la moral, el patriotismo y las buenas costumbres. Dió en el Congreso encendidos discursos contra el cáñamo, pero nunca pudo presentar una prueba o un sólo estudio científico que apoyara su tesis. Repitió una y otra vez que era una droga terrible que provocaba agresividad y que debía ser prohibida. Cuando le presentaron informes médicos que decían que era imposible que tal planta provocara agresividad, sino justamente lo contrario, que aplacaba el ánimo, dijo entonces que era una planta antipatriótica, pues no permitiría tener buenos soldados. . .

     Así, el trío Anslinger-Dupont-Hearst, con la ayuda inestimable de la mafia y congresistas corruptos a sueldo de ella, consiguió que en 1937 el cáñamo fuera prohibido en Estados Unidos. A partir de ahí se produjo un efecto dominó que haría que la planta acabara, tras miles de años de convivencia pacífica con el ser humano, prohibida en prácticamente todo el mundo: Si algún país quería tener buenas relaciones con Estados Unidos tenía que incluir tan extraña prohibición entre sus leyes, arruinando a miles de familias de agricultores y obligándose a producir o comprar productos más caros y contaminantes.

No debemos olvidar a un colectivo que apoyó en todo momento y con todos los medios a su alcance la prohibición del cáñamo: la mafia americana, con todas sus diferentes ramas. La razón no era otra que, tras haberse enriquecido desmesuradamente gracias a la Ley Seca que prohibió el alcohol una década antes, quería una nueva materia ilegal que diera lugar a un boyante mercado negro, como sucede siempre que se prohibe una sustancia. El rotundo fracaso que había supuesto la Ley Seca, dejando a su paso cientos de muertos y 200.000 ciegos por beber alcohol adulterado, no fue lección suficiente para que la sociedad americana no cayera nuevamente en la trampa de un negocio muy dañino socialmente, pero al mismo tiempo muy lucrativo para una minoría codiciosa y sin escrúpulos.

Hasta los años treinta, cuando incluso drogas mucho más peligrosas, como la cocaína y la heroína, se vendían libremente en las farmacias bajo receta médica y control sanitario, el problema social de las drogas no existía, de igual forma que el cáñamo, utilizado en sus mil formas, no llamaba la atención porque una minoría lo fumara en sus ratos de ocio. Fue la prohibición la que consiguió llamar la atención de los jóvenes, al tiempo que les negaba toda información objetiva sobre el origen del problema, haciéndoles caer en la doble trampa de ofrecer una substancia a la que posiblemente no hubieran hecho caso de no estar prohibida, y hacerla deseable, especialmente en la adolescencia, por el mero hecho de prohibírsela.

Los nefastos resultados sociales que tal prohibicion ha tenido es conocido de todos, muriendo a diario decenas de personas en el mundo como resultado de la misma, mientras las mafias de todo el mundo y las empresas farmacéuticas continuan haciendo de esta tragedia social su sangriento negocio. Sólo algunos países como Suiza u Holanda han sabido enfrentarse con seriedad y pragmatismo al problema, legalizando las drogas blandas, como en el caso holandés, o administrando heroína controlada sanitariamente a los adictos a la misma, como en Suiza, eliminando así completamente la delincuencia vinculada a estas drogas.

     Esa es la triste historia de esta planta y la campaña de difamación que se desató contra ella. ¿Estuvieron equivocados los griegos, romanos, persas, hindúes, chinos, y tantas otras culturas que la utilizaron durante siglos sin el menor problema, hasta la época de nuestros abuelos, o somos nosotros los equivocados y manipulados, que vivimos en este extraño tiempo de prohibición?
Es difícil calcular cuantos millones de hectáreas de bosques en todo el mundo no habrían sido destruidos de no haber seguido la historia tan retorcido camino, de no haber prevalecido los intereses mezquinos de un pequeño grupo de hombres sobre los del resto de la humanidad.

     Pero posiblemente, y a pesar de que estos son datos históricos conocidos, y fácilmente comprobables hoy en día, la prohibición continuará durante quien sabe cuantos años más, porque le proporciona un lucrativo negocio a políticos corruptos y a las mafias de todo el mundo, a fabricantes de armas y empresas químicas.

Es asombroso comprobar las estadísticas de muertes por drogas anteriores a la prohibición de las mismas, cuando estaban todas ellas, como una medicina más, en las farmacias: hasta los años treinta, la mayoría de los jóvenes no mostraban interés por consumirlas, al no tener el aliciente de lo prohibido, y los pocos que lo hacían no tenían que delinquir para conseguirlas, no creando el consiguiente problema social. Las drogas ilegales hoy en día eran utilizadas casi siempre por personas mayores como analgésicos ante enfermedades crónicas dolorosas, no creando por ello ningún conflicto social. Los muy pocos casos de muerte por sobredosis (entre 4 y 12 anualmente en los años 30 en España) eran casos encubiertos de eutanasia o suicidio, casi siempre de personas con cánceres terminales.

Los enormes gastos de su prohibición y las consecuencias negativas de la misma las pagamos todos los ciudadanos con nuestros impuestos, mientras algunas empresas farmacéuticas, como Eli Lilly, de la que fue director George Bush padre, tienen el multimillonario negocio de las patentes por la producción sintética de los principios activos del cáñamo, principios que forman parte fundamental de muchas medicinas. Este negocio se vendría abajo si esos compuestos químicos se obtuvieran de forma natural de la planta en vez de sintetizarlos.

Pero somos ingenuos, absurdamente incautos, y a pesar de que hoy día tenemos todos estos datos a nuestra disposición, sigue pesando más sobre todas las sociedades del mundo el engaño a que sometieron a nuestros abuelos un grupo de sinvergüenzas codiciosos hace apenas ocho décadas.

     Si fuéramos algo más cautos, un poco más desconfiados, investigaríamos el origen de hechos y costumbres que damos por buenos sólo porque nos han acostumbrado a ellos desde niños, indagaríamos sobre el origen de la clase política antes de votarles o, mejor aún, exigiríamos que nos consultaran antes de hacer las leyes que van a condicionar nuestra vida: averiguaríamos cual fue el verdadero origen de cada guerra, el de cada religión, y llegaríamos posiblemente a exigir que se nos permitiera gobernar nuestra vida social, que diera la democracia un paso más, como ha hecho a lo largo de la historia, exigiendo que se nos permitiera votar, mediante sistemas informáticos, las leyes más importantes que nos gobiernan: declaraciones de guerra, presupuestos, sueldos de los políticos, privilegios de la banca, etc.: media hora a la semana sería suficiente. Tendríamos así en nuestras manos las herramientas necesarias para mejorar el mundo con una efectividad que nos asombraría.

¿Cuánto tardaríamos en proponer y promulgar una ley que prohibiera los paraísos fiscales, refugio de los billones robados impunemente en la última crisis, o una ley que gravara los capitales financieros especulativos, para conseguir evitar fácilmente, con ese dinero, la muerte diaria de más de 27.000 niños por hambre o falta de vacunas?

Posiblemente, si hiciéramos eso ya no moriría tampoco ningún joven por las drogas adulteradas que les venden las mafias, posiblemente se acabarían todas las guerras en unos pocos años y con ellas tantos negocios de muerte. . .

Pero ese sería otro mundo, un mundo que, tal vez porque históricamente siempre ha ido mejorando, aunque muy poco a poco, o tal vez porque soy humano y por tanto de naturaleza absurdamente ingenua, creo que, algún día, y a pesar de todo, llegará a ser realidad.

Nekovidal – nekovidal@arteslibres.net

 

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GRACIAS, SALUD Y SALUDOS.

Análisis a Fondo: La prohibición de la marihuana

Por Francisco Gómez Maza.

“La plantita floreció cuando fue satanizada”

Joaquín, El Chapo, Guzmán, capo de capos

El doctor Clemente Valdés Sánchez, miembro del Consejo Directivo Mundial de la Asociación Internacional de Derecho, Ciencia y Ética, con sede en Estrasburgo, Francia, nos “mensajeó” ayer, luego de haberle dado una leída a nuestra entrega sobre la posición de Paul A. Volcker y George P. Shultz al interior de la Comisión Global sobre las Políticas ante las Drogas, de lo qué piensa acerca de este negocio.

Y no puede ser más prudente, pero contundente, la posición de Clemente: Los dogmas, los prejuicios y los miedos absurdos siguen siendo la fuente principal del Derecho en algunos países del mundo. No sólo tenemos miedo de cambiar reglas sin sentido; tenemos también miedo de discutirlas abiertamente. Es increíble que alguna vez se haya incluido a la mariguana entre las drogas prohibidas en México. Es aún más increíble que se siga conservando a la mariguana entre esas drogas, dice sin tapujos el especialista.

¿Qué es lo que se trata de proteger? ¿La salud de la población? Pregunta. El alcohol y el tabaco – y tiene toda la razón – son mucho más dañinos a la salud, mucho más adictivos, y los productores de esos venenos son vistos como empresarios respetables que aparentemente pagan impuestos.

¿Se trata de impedir el consumo de productos que dañen la salud? Si ese es el objetivo, deberían prohibirse y castigarse, con mucho más rigor la producción, la venta y el consumo de tocino, jamones, “carnitas”, barbacoa y los productos elaborados con grasas animales que, de acuerdo con el estado actual de la investigación científica, contienen grandes porcentajes de colesterol y son la causa principal de la mayoría de los males cardiovasculares que, a su vez, causan cien veces más muertes que todas las llamadas drogas juntas.

La mariguana, antes de que se iniciara su persecución en México, crecía en todos los pueblos; cualquier señora respetable tenía en el corral de su casa sus “plantación” de mariguana y regalaba algunas hojas a quien se las pidiera. Era imposible que hubiera tráfico de mariguana porque ésta ni siquiera se vendía, no tenía valor comercial alguno y, naturalmente, nadie mataba a otro por tener, por comprar o por vender mariguana.

Esta yerba, ahora maldita, no se empacaba, no se importaba ni se exportaba; no se transportaba; la había en todos los pueblos, en los caminos y en las rancherías. Su consumo no aumentaba, no formaba parte de los negocios de nadie, ni siquiera de la policía, y no constituía ningún problema social.

Pero… el consumo de la mariguana aumenta y adquiere un valor comercial cuando se empieza a perseguir. Igual que ha sucedido con el alcohol en muchos países; una vez que su producción, su venta y su consumo son perseguidos, se convierte en una mercancía muy cara por la dificultad para conseguirla y se vuelve un negocio tan grande como grandes sean las prohibiciones y los castigos.

El precio de las llamadas drogas, como el precio de cualquier cosa que pueda ser deseable, aumenta en función de la dificultad para obtenerla. El negocio es enorme porque las penas por su producción y por su posesión son terribles. La amenaza del castigo y el aumento de las penas de prisión son inútiles para acabar con el negocio. Entre más aumenten las penas más aumentan los precios, y más lucrativo es el negocio. Finalmente llega el momento en que el tamaño del negocio, por el tamaño de las penas, es tan grande, que hay dinero para corromper a todas las policías, las procuradurías y a cualquiera de los altos empleados de un gobierno, o para eliminarlo si resiste la corrupción.

La pequeña, la humilde mariguana, sólo empezó a florecer como negocio cuando se empezó a perseguir su producción y su consumo.

Entre los argumentos más repetidos está el que considera que debe castigarse el uso de la mariguana porque induce al consumo de substancias mucho más dañinas como el opio y sus derivados. Esto no tiene mayor fundamento. La mariguana está relacionada con drogas verdaderas únicamente porque los ordenamientos legales la han relacionado con ellas; si el consumo del alcohol, que es mucho más adictivo que la mariguana, y también que la cocaína, estuviera entre las drogas prohibidas, se consumiría también en forma clandestina y se vendería a escondidas, junto con otras drogas en un mercado criminal, contra el cual, igual que con el sistema que estamos aplicando en la lucha contra estas adicciones, se han perdido y se seguirán perdiendo todas las guerras.

A desfondo: Un alto mando de la Drug Enforcement Agency (DEA), la oficina encargada por el gobierno federal estadounidense para el combate al narcotráfico, acaba de decirle a la revista “Forbes”, a condición de mantenerse en el anonimato, que Joaquín, “El Chapo”, Guzmán Loera, es hoy por hoy el narcotraficante más importancia en el mundo, y su poder ha sobrepasado al que alguna vez tuvo el fallecido colombiano Pablo Escobar. “El Chapo” es uno de los criminales más buscados por autoridades de México y Estados Unidos, cuyos gobiernos ofrece recompensas de hasta 30 millones de pesos y cinco millones de dólares.

Fuente LaComunidad