Cultivar los derechos: ¿Es realmente la marihuana una sustancia tan tóxica que pueda destruir vidas, familias, personas?

Chile.-   El debate está abierto, o eso pareciera, sin embargo, la legislación parece alejarse mucho del sentir común. Las estadísticas y los estudios que son tomados en cuenta responden a los “oficiales”, es decir, las que le sirven para sustentar sus políticas públicas. Por Sebastián Ramírez

El debate sobre la despenalización de la marihuana lleva bastante tiempo rondando a nuestra sociedad. En una sociedad con una importante cantidad de consumidores y cultivadores aparece la interrogante del por qué, si hay muchas voces alzándose para crear una legislación coherente a las necesidades de la sociedad, esto no ocurre.

La planta de Cannabis Sativa pertenece a la lista I de drogas duras, es decir, está ubicada en el mismo nivel que la cocaína, heroína y anfetaminas. ¿Por qué ocurre esta situación? ¿Es realmente la marihuana una sustancia tan tóxica que pueda destruir vidas, familias, personas? El debate está abierto, o eso pareciera entenderse, sin embargo, la legislación parece alejarse mucho del sentir común respecto del tema. Las estadísticas y los estudios que son tomados en cuenta solamente responden a los “oficiales”, es decir, las que le sirven a algunos para sustentar sus políticas públicas.

La libertad

En primer término, para analizar el fenómeno, cabe hablar de la libertad de acciones y decisión. Para Pedro Mendoza, reconocido activista del mundo cannábico, abogado y socio de la revista Cáñamo, el tema de la libertad es ambiguo: “La libertad que más se respeta es la económica. Las decisiones personales sobre tu propio cuerpo no parecen estar incluidas”. Esto se traduce en temas tan polémicos como el aborto o el consumo de drogas, entre otros. Y el problema está, sobre todo, en la apertura al debate que existe en torno al tema, apertura que parece ser nula.

Opinión similar a la de Mendoza tiene el periodista Daniel Olivares, quien desde su puesto en la editorial Ocho Libros, entrega sus ideas y percepciones del derecho a la libertad de consumo: “Haciendo uso de la misma libertad de acción mencionada, entendiendo que la acción de consumir cannabis no perjudica a otros individuos distintos al consumidor (porque no se ha demostrado que cause “daños a terceros”… como por ejemplo: como crímenes pasionales, hurtos, violaciones, etc.)

La realidad nos demuestra que el consumo aumenta en todo el mundo, de hecho, la marihuana es la droga ilegal de uso social más consumida del mundo. Algo tienen que decir estos estudios, la sociedad habla, más que en las teorías, en sus acciones. La UNODC (Oficina de las Naciones Unidas del Crimen y Drogas), publica este año que, luego de sus estudios de los años 2009 y 2010, entre 149 y 272 millones de personas de todo el mundo (entre el 3,3% y el 6,1% de la población de entre 15 y 64 años de edad) consumieron sustancias ilícitas al menos una vez durante esos años.

Para Pedro Mendoza, lo que hace falta “es una regulación que para algunos se entiende como legalización, va por el camino de fijar regulaciones similares a las que se aplican al tabaco y el alcohol”. Regulación que en nuestro país es muy estricta y que tiene como una de sus preocupaciones principales la detención del consumo, más que el tráfico. Los recursos que se utilizan para la rehabilitación de adictos son considerablemente menores a los que se utilizan para la detención y el procesamiento de consumidores.

“A los consumidores nos persiguen mucho más que a los narcos. Es obvio que hay drogas peores pero es mucho más fácil perseguir a los que fuman pitos”, opina Felipe, quien forma parte activa de uno de los principales foros de internet en nuestro país sobre el consumo de Cannabis Sativa. Nicole, también participante de Amigos del Cannabis, el foro más grande del país, percibe como el principal problema que, al igual que con la educación y haciendo referencia a la contingencia, “la ciudadanía quiere algo y las autoridades quieren otra cosa”.

Pese a participar activamente de los foros, marchas y eventos relacionados al mundo cannábico, Felipe y Nicole, ambos de 25 años, prefieren mantener su nombre y no decir su apellido. “Nunca se sabe”, dijeron.

El poder y la ciudadanía

Las diferencias que existen entre la distribución de poder en nuestra sociedad se manifiesta en diversas áreas. Por ejemplo, se puede identificar una desigualdad en los ámbitos socioeconómicos, en los niveles educacionales o en el acceso a la salud y vivienda. Pero no es sólo eso, existen más temas que motivan a los actores sociales, y entre ellos, se encuentra la elección de consumo de ciertas sustancias que hoy son ilícitas. El análisis de Mendoza plantea que “parece haber acuerdo en que como país tenemos temas más urgentes, y por otro lado como aún no está vigente la inscripción automática y el voto voluntario, el tema no cala muy hondo en los políticos”.

“La verdad es que creo que la democracia en el mundo no existe, disfrazan la realidad con ésta palabra”, opina Nicole, haciendo referencia a los pocos canales de comunicación que hay entre los actores sociales y políticos. Felipe tiene una opinión muy similar de la democracia, considera que “es un concepto con el que nos mantienen totalmente engañados. Las marchas han sido la única manera que los ciudadanos han encontrado para expresarse, pero ni con eso funciona”.

Pedro Mendoza es un connotado actor social dentro del mundo de la marihuana, y como opinión respecto de lo que necesitamos como sociedad, plantea el punto desde el movimiento social: “lo que como movimiento nos interesa a corto plazo es que no se siga tratando a los consumidores como delincuentes, hay que ajustar la aplicación de la ley y en eso tienen mucho que decir el ministerio público”. Coloca a los jueces en el debate, en conjunto con la acción del poder legislativo y ejecutivo, pues a través de la jurisprudencia en los diferentes casos se puede sentar precedentes que lleven el debate a plantear, como él abogado dice: “el poder judicial puede aclarar la interpretación de la ley y facilitar la comprensión de qué debe entenderse por consumo personal, qué es un cultivo para consumo personal y si a ese cultivo que se desarrolla en la intimidad del hogar le es o no aplicable lo del permiso del SAG”.

Uno de los puntos clave de este tema tiene que ver con el organismo dedicado a la prevención y rehabilitación: el ex CONACE, ahora llamado SENDA. Este organismo público depende del Ministerio del Interior, lo que, para los interesados en poner a la marihuana en el debate público, es un contrasentido. Para Felipe, “el mayor argumento en contra de las drogas es lo nocivas que son para la salud, entonces no entiendo por qué no forma parte del Ministerio de Salud”.

Desde el punto de vista del abogado Mendoza, “si lo que protege la legislación de drogas es la salud pública, no parece racional que dependa del Ministerio del Interior y Seguridad Pública. Muchos de los problemas no deseados vinculados a las drogas son causados por el sistema de prohibición y de esta manera no se logra más que perpetuar el problema y la salud pública queda totalmente a la cola”.

Los medios de comunicación

Si ya se ha dado cuenta de que los actores dentro del conflicto de la despenalización del consumo de Cannabis Sativa son la sociedad en conjunto y los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, falta todavía uno por nombrar, uno que, para todos los entrevistados es igual de relevante a la hora de crear igualdad: los medios de comunicación.

Los medios de comunicación, en teoría, deberían intentar mostrar diversidad a la hora de informar. Mostrar diferentes historias y personas que den cuenta, lo más completamente, de la realidad. Para ello, se requiere que los medios sean responsables e informados a la hora de difundir ciertos temas. Sin embargo, en la opinión del experto en el tema, Pedro Mendoza, lo hacen “bastante poco. La información se centra en usuarios que por lo general son problemáticos y casi sin excepción en los efectos negativos, que sin duda los tiene, pero en el contexto de las substancias psicoactivas que están disponibles, (la marihuana) es la que menos efectos negativos genera tanto para el usuario como para la comunidad”.

La razón de esto radica, en su opinión, en la relación perversa que existe entre los medios tradicionales y sus avisadores: “los auspiciadores deben poner limitaciones a la opinión sobre este tipo de procesos, creo que en la medida que drogas legales financian los medios, estos se la juegan más por sus patrocinadores, el avisaje de drogas como el alcohol o de las farmacias es increíble”, opina.

Tanto Mendoza como Felipe y Nicole coinciden en su opinión respecto de internet en la labor informativa que posee. Para el abogado, “es vital en el debate, tener acceso a la mejor materia prima para discutir e informarse de un tema al alcance de un click es muy útil”. Y para los jóvenes activistas, la web “informa muchísimo más que cualquier otro medio de comunicación, tienes miles de opiniones diferentes y tú elijes qué opinar o creer, produce total responsabilidad a la hora de tomar una decisión”.

La relación que existe entre el poder político-económico y con el poder social es bastante lejana, por no decir desigual. Se manifiesta en diversas áreas de la sociedad y si bien es un tema que atañe a consumidores y sus familias, es un precedente para otros temas de libertades personales. Para Pedro Mendoza, la manera de actuar por parte de la ciudadanía es “insistir en cultivar nuestros derechos y ejercer la garantía constitucional del derecho de petición. Presentar peticiones a la autoridad en términos respetuosos y convenientes sobre este asunto que nos preocupa”

Fuente: elconcecuente

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