La mentira del SIDA y el negocio del panico

Los creadores de este documental tienen pagina web: http://www.lacienciadelpanico.tk/ ellos merecen todo el crédito por la investigación. —- Testimonios de Premios Nobel, Médicos prestigiosos y pacientes sobre la estafa y mentira global de Virus de Inmunodeficiencia Adquirido. El SIDA no es contagioso. El virus jamás existió. ¿Entonces que dicen los tests? ¿Que es el SIDA en realidad? Toda la verdad en este excelente documental llamado: “La Ciencia del Pánico”. Los negocios basados en el terror de la Mafia Farmacéutica. Big Pharma AIDS MEGA HOAX. Como adelanto: El SIDA no es una enfermedad de transmisión sexual. Y los medicamentos para los pacientes son los que realmente provocan SIDA, además de locura y otros trastornos que terminan matando a la persona. Los verdaderos conspiradores del SIDA son los laboratorios que fabrican cócteles mortales ignorando la realidad cientifica.

 

Novedades sobre las potencialidades terapéuticas del Cannabis y el sistema cannabinoide

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Durante la última década una rica investigación básica ha permitido caracterizar el sistema cannabinoide. Comienzan a acumularse pruebas de que los cannabinoides podrían ser eficaces en el tratamiento de las náuseas y vómitos por quimioterápicos antineoplásicos, el dolor, la espasticidad y otros síntomas de la esclerosis múltiple y algunas alteraciones del movimiento. Hay que esperar la publicación de los resultados de los ensayos clínicos en curso con extractos de Cannabis por vía oral y sublingual para definir de manera precisa su lugar en terapéutica en estas y otras indicaciones. Actualmente se están desarrollando nuevas vías de administración como la rectal, sublingual o transdérmica para evitar los efectos perjudiciales del humo del Cannabis fumado. Aunque el futuro inmediato parece basarse en medicamentos derivados directamente del Cannabis, la investigación actual tiende a desarrollar por un lado nuevos fármacos que actúen potenciando o inhibiendo los efectos de los cannabinoides endógenos y por otro, fármacos sintéticos agonistas y antagonistas de los receptores cannabinoides.

Efectos farmacológicos del Cannabis
Los efectos agudos del Cannabis son en su mayoría neuropsiquiátricos y cardiovasculares. No obstante, también tiene efectos en otros órganos y sistemas (tabla 1).

Estudios recientes han planteado la existencia de una relación entre el uso crónico de Cannabis y la depresión, ansiedad, esquizofrenia y alteraciones de la función cognitiva. Sin embargo, hasta el momento actual no se ha podido demostrar que las alteraciones de la función cognitiva en fumadores crónicos de Cannabis sean irreversibles. También se duda de que el posible déficit cognitivo aumente con la duración de la exposición. En cuanto a la relación entre el Cannabis y la esquizofrenia, la teoría más aceptada es que podría precipitar un episodio en personas con antecedentes o exacerbar los síntomas en enfermos con esta enfermedad. La relación entre el uso crónico de Cannabis y la depresión ha sido menos estudiada. No obstante, 2 estudios recientes apoyan la hipótesis de que el uso crónico de Cannabis durante la adolescencia podría ser un factor de riesgo de depresión en el adulto. En contraposición, también se ha descrito mejoría de la depresión con el uso terapéutico de algunos cannabinoides.

Tabla1

Efectos farmacológicos del Cannabis y del Δ9tetrahidrocannabinol
Efectos neuropsiquiátricos. Euforia, disforia, relajación, ansiedada, despersonalización, aumento de la percepción sensorial, alucinaciones, alteración de la percepción del tiempo, psicosis, fragmentación del pensamiento, aumento de la creatividad, alteración de la memoria a corto término, ataxia, deterioro o lentitud en la coordinación motora
Sistema nervioso central. Analgesia, relajación muscular, estimulación del apetito, efecto antiemético, descenso de la temperatura corporal
Sistema cardiovascular. Taquicardia, aumento del gasto cardíaco y de la demanda de oxígeno, vasodilatación, hipotensión ortostática, inhibición de la agregación plaquetaria
Ojo. Inyección conjuntival, disminución de la presión intraocular
Sistema respiatorio. Broncodilatación
Tracto gastrointestinal. Sequedad de boca, reducción del peristaltism intestinal y retraso del vaciado gástrico
Sistema endocrino. Disminución de las concentraciones plasmáticas de LH, FSH, TSP, PL, GH, alteración del metabolismo de la glucosa, reducción del número y la motilidad de los espermatozoidesb
Sistema inmunitario. Efecto inmunomoduladorc y antiinflamatorio
Material genético. Actividad antineoplásica, inhibición de la síntesis de ADN, ARN y proteínas

Los efectos sobre la inmunidad no están bien establecidos
A dosis bajas tiene efecto ansiolítico y a dosis altas ansiogénico. La mitad de los usuarios (con finalidad lúdica) han tenido como mínimo un episodio de ansiedad secundario a su consumo, generalmente a dosis altas9.
LH: hormona luteostimulante; FSH: hormona foliculostimulante; TST: testosterona; PL: prolactina; GH: hormona del crecimiento. Se desconoce actualmente la relevancia clínica de estos efectos.

Marta Duran, Joan-Ramon Laporte y Dolors Capellà
Fundació Institut Català de Farmacologia. Hospitals Vall d?Hebron.
Universitat Autònoma de Barcelona. Barcelona. España.

Fuente: molecular Pharmacology

Los países latinoamericanos deberían cambiar enfoque sobre consumo personal y con decisión.

Colombia.- Las recientes declaraciones del presidente Santos en que señaló la necesidad de una discusión abierta sobre nuevas formas de combatir el flagelo de las drogas tienen un gran valor porque acaban con el tabú según el cual no se puede discutir sobre este tema, y con la idea que bien resumió Moisés Naím según la cual pareciera prohibido pensar cuando de este asunto se trata.

Esta propuesta tiene un gran valor cuando el que la hace es el presidente del país que no solo ha sufrido más, sino ha sido el que de manera más vertical ha luchado contra el narcotráfico, y pone el debate sobre la mesa y obliga a la comunidad internacional a una discusión seria.

Sin embargo, los términos en los que el presidente Santos plantea tal discusión, esto es con la participación de todos los países, demandarían un consenso mundial, que implicaría reformar muchas convenciones dela ONU, lo que haría de este un proceso extremadamente largo, de décadas. De todas maneras, la postura tiene una enorme fuerza política porque supone que hay soluciones radicales y óptimas para enfrentar ese problema global.

En mi opinión, la verdad sobre lo que se puede hacer ahora debería tener una denominación menos ambiciosa: la política del “menor daño”, que han estado poniendo en marcha los países europeos.

¿Qué es lo que menos daño le hace a la sociedad? ¿El prohibicionismo, que lleva a los consumidores de drogas a la cárcel, o una política de salud para tratar a los consumidores de droga como enfermos?

En esos países, las políticas alrededor del tema de salud han generado una reducción significativa de la violencia, sin aumentar el consumo; han reducido el uso de drogas duras y, sin duda, han sido más racionales desde el punto de vista de los derechos humanos y de la dignidad personal.

Los índices de consumo en nuestros países son mucho más bajos que en Estados Unidos y no constituyen un gran problema social ni una gran carga económica. Los países latinoamericanos deberían cambiar el enfoque sobre el consumo personal pronto y con decisión.

En lo que tiene que ver con las drogas duras, dicho enfoque de salud debe contemplar la posibilidad de empezar a suministrarlas en centros especiales bajo control médico. No obstante, esta política estaría a medias si no se complementa con una vigorosa política para aislar a los adictos de las organizaciones criminales, con el fin de evitar que incurran en delitos para adquirirla.

En relación con la marihuana, sería mejor regular su consumo, lo que es distinto de legalizarla. No se trata de adoptar una posición libertaria. No se trata de que la gente pueda hacer lo que quiera o simplemente decretar que las drogas no hacen daño. Se trata, repito, de hacer el menor daño y de reducir la máquina de crimen que hay detrás.

Para enfrentar el consumo de drogas hay dos caminos: uno es reducir el consumo con los resultados pobres que hoy conocemos (en EE. UU., un 15 por ciento durante este cuatrienio) o reducir el negocio criminal, que obliga a millones de jóvenes a acudir a organizaciones criminales para comprar su dosis personal.

Habrá mucha gente que en nombre de lo que ellos llaman una política de principios y de valores rechacen esta posibilidad. Tenemos que evitar las políticas basadas en prejuicios o afirmaciones dogmáticas. Tenemos que buscar nuevas políticas que contemplen la investigación, el ensayo y el tratamiento médico. Tenemos que apelar a los médicos, a los padres de familia, a los profesores y a las organizaciones no gubernamentales para administrar una política diferente.

Estados Unidos tiene una política prohibicionista que, en general, lleva a los consumidores a prisión y que hoy tiene a más de medio millón de personas en la cárcel (cantidad mayor que todos los presos de Europa por todos los delitos ) por delitos asociados al consumo y al tráfico de drogas. Sin embargo, no ha conseguido reducir el consumo ni el tamaño del negocio. Se gasta la inmensa mayoría de los recursos, 40.000 millones de dólares, en aplicación de la ley, en su sistema judicial, en su sistema carcelario y de policía, y solo aplica una pequeña parte a investigación, prevención o tratamiento de drogadictos. Ni siquiera en las cárceles lo hace para quienes están presos por estas razones. ¿Sí tendrá sentido meter a la cárcel a un joven 5 años por consumo de marihuana, cuando el 60 por ciento de los presos en las cárceles de Estados Unidos fuman marihuana y cien millones de personas la han consumido en algún momento de su vida?

En realidad, más del 70 por ciento de los estadounidenses considera que la guerra contra las drogas fracasó. Sin mucha difusión, el gobierno oficialmente ha eliminado de su vocabulario la expresión guerra contra las drogas porque, según dice, ella no ayuda a diseñar buenas políticas. Es una política fallida, de la que no se salen porque supuestamente no hay alternativas, lo cual es falso. Y como ejemplo, la mayoría de los países europeos.

El consumo local de drogas es un gigantesco problema de delincuencia y criminalidad interno y el mejor ejemplo de ello es Brasil. Allí es de lejos la principal razón de aumento de homicidios y criminalidad. Hay que recalcar que esto está relacionado con el puro consumo interno y no con el tráfico internacional. Nosotros en Colombia queremos negar una realidad palpable diciendo que aquí el consumo no es alto. Eso no es verdad. Mucha de la criminalidad urbana está relacionada con tráfico y consumo interno, así las autoridades lo ignoren y se nieguen a enfrentar el problema.

Colombia tiene derecho a desarrollar una política como la de los países europeos, sin violar las convenciones internacionales y sin esperar ningún consenso. Y una decisión como esa no solo sería compatible con la política de interdicción del tráfico internacional, sino que permitiría fortalecer esa política. Todos los esfuerzos y recursos dedicados a eso y no a perseguir jóvenes en las puertas de las escuelas o en los bares. No tenemos recursos públicos, ni los tiene ningún país emergente o en desarrollo para dedicarse a combatir ese tipo de consumo. Los fracasos de esas políticas en el mundo entero están a la mano.

Colombia ha hecho un gigantesco esfuerzo en justicia y seguridad para doblegar a los traficantes. Sin el problema del narcotráfico, aquí no habría guerrilla ni paramilitares, ni tendríamos los dramáticos problemas de seguridad que aun hoy nos azotan. Mientras México y Centroamérica se estabilizan y controlan sus graves problemas de violencia puede pasar una década. ¿No será demasiado costoso en vidas y recursos hacerlo en nombre de una política fallida como la de Estados Unidos? Los casi veinte estados que han legalizado la marihuana para uso medicinal, lo cual constituye una legalización disfrazada, muestran la fatiga y el fracaso de la actual política.

Los presidentes de Colombia, Brasil y México podrían fortalecer la lucha contra el tráfico internacional de drogas y, al mismo tiempo, aplicar una política interna de volver el consumo de drogas un problema de salud. Podrían también exigirles a los Estados Unidos un debate interno sobre sus políticas prohibicionistas en materia de consumo sin poner en peligro las obligaciones que tenemos con la comunidad internacional de luchar con eficacia contra el tráfico internacional. Creo que una declaración formal de los tres pondría este tema en la agenda de discusión de la política norteamericana.

Sería infinitamente mejor para Colombia si se pudiera avanzar hacia la despenalización de la marihuana y aun de la cocaína, como lo sugirió el presidente Santos. Nos economizaríamos una inmensa cantidad de violencia, guerrilleros, paramilitares, bandas urbanas, etc. Felicitaciones al presidente Santos por haber tenido el coraje de impulsar esta discusión. En todo caso, mucho es lo que puede hacer su gobierno más allá de esa valerosa declaración.

 

César Gaviria

Ex presidente de la República

Fuente: El tiempo

Cultivar los derechos: ¿Es realmente la marihuana una sustancia tan tóxica que pueda destruir vidas, familias, personas?

Chile.-   El debate está abierto, o eso pareciera, sin embargo, la legislación parece alejarse mucho del sentir común. Las estadísticas y los estudios que son tomados en cuenta responden a los “oficiales”, es decir, las que le sirven para sustentar sus políticas públicas. Por Sebastián Ramírez

El debate sobre la despenalización de la marihuana lleva bastante tiempo rondando a nuestra sociedad. En una sociedad con una importante cantidad de consumidores y cultivadores aparece la interrogante del por qué, si hay muchas voces alzándose para crear una legislación coherente a las necesidades de la sociedad, esto no ocurre.

La planta de Cannabis Sativa pertenece a la lista I de drogas duras, es decir, está ubicada en el mismo nivel que la cocaína, heroína y anfetaminas. ¿Por qué ocurre esta situación? ¿Es realmente la marihuana una sustancia tan tóxica que pueda destruir vidas, familias, personas? El debate está abierto, o eso pareciera entenderse, sin embargo, la legislación parece alejarse mucho del sentir común respecto del tema. Las estadísticas y los estudios que son tomados en cuenta solamente responden a los “oficiales”, es decir, las que le sirven a algunos para sustentar sus políticas públicas.

La libertad

En primer término, para analizar el fenómeno, cabe hablar de la libertad de acciones y decisión. Para Pedro Mendoza, reconocido activista del mundo cannábico, abogado y socio de la revista Cáñamo, el tema de la libertad es ambiguo: “La libertad que más se respeta es la económica. Las decisiones personales sobre tu propio cuerpo no parecen estar incluidas”. Esto se traduce en temas tan polémicos como el aborto o el consumo de drogas, entre otros. Y el problema está, sobre todo, en la apertura al debate que existe en torno al tema, apertura que parece ser nula.

Opinión similar a la de Mendoza tiene el periodista Daniel Olivares, quien desde su puesto en la editorial Ocho Libros, entrega sus ideas y percepciones del derecho a la libertad de consumo: “Haciendo uso de la misma libertad de acción mencionada, entendiendo que la acción de consumir cannabis no perjudica a otros individuos distintos al consumidor (porque no se ha demostrado que cause “daños a terceros”… como por ejemplo: como crímenes pasionales, hurtos, violaciones, etc.)

La realidad nos demuestra que el consumo aumenta en todo el mundo, de hecho, la marihuana es la droga ilegal de uso social más consumida del mundo. Algo tienen que decir estos estudios, la sociedad habla, más que en las teorías, en sus acciones. La UNODC (Oficina de las Naciones Unidas del Crimen y Drogas), publica este año que, luego de sus estudios de los años 2009 y 2010, entre 149 y 272 millones de personas de todo el mundo (entre el 3,3% y el 6,1% de la población de entre 15 y 64 años de edad) consumieron sustancias ilícitas al menos una vez durante esos años.

Para Pedro Mendoza, lo que hace falta “es una regulación que para algunos se entiende como legalización, va por el camino de fijar regulaciones similares a las que se aplican al tabaco y el alcohol”. Regulación que en nuestro país es muy estricta y que tiene como una de sus preocupaciones principales la detención del consumo, más que el tráfico. Los recursos que se utilizan para la rehabilitación de adictos son considerablemente menores a los que se utilizan para la detención y el procesamiento de consumidores.

“A los consumidores nos persiguen mucho más que a los narcos. Es obvio que hay drogas peores pero es mucho más fácil perseguir a los que fuman pitos”, opina Felipe, quien forma parte activa de uno de los principales foros de internet en nuestro país sobre el consumo de Cannabis Sativa. Nicole, también participante de Amigos del Cannabis, el foro más grande del país, percibe como el principal problema que, al igual que con la educación y haciendo referencia a la contingencia, “la ciudadanía quiere algo y las autoridades quieren otra cosa”.

Pese a participar activamente de los foros, marchas y eventos relacionados al mundo cannábico, Felipe y Nicole, ambos de 25 años, prefieren mantener su nombre y no decir su apellido. “Nunca se sabe”, dijeron.

El poder y la ciudadanía

Las diferencias que existen entre la distribución de poder en nuestra sociedad se manifiesta en diversas áreas. Por ejemplo, se puede identificar una desigualdad en los ámbitos socioeconómicos, en los niveles educacionales o en el acceso a la salud y vivienda. Pero no es sólo eso, existen más temas que motivan a los actores sociales, y entre ellos, se encuentra la elección de consumo de ciertas sustancias que hoy son ilícitas. El análisis de Mendoza plantea que “parece haber acuerdo en que como país tenemos temas más urgentes, y por otro lado como aún no está vigente la inscripción automática y el voto voluntario, el tema no cala muy hondo en los políticos”.

“La verdad es que creo que la democracia en el mundo no existe, disfrazan la realidad con ésta palabra”, opina Nicole, haciendo referencia a los pocos canales de comunicación que hay entre los actores sociales y políticos. Felipe tiene una opinión muy similar de la democracia, considera que “es un concepto con el que nos mantienen totalmente engañados. Las marchas han sido la única manera que los ciudadanos han encontrado para expresarse, pero ni con eso funciona”.

Pedro Mendoza es un connotado actor social dentro del mundo de la marihuana, y como opinión respecto de lo que necesitamos como sociedad, plantea el punto desde el movimiento social: “lo que como movimiento nos interesa a corto plazo es que no se siga tratando a los consumidores como delincuentes, hay que ajustar la aplicación de la ley y en eso tienen mucho que decir el ministerio público”. Coloca a los jueces en el debate, en conjunto con la acción del poder legislativo y ejecutivo, pues a través de la jurisprudencia en los diferentes casos se puede sentar precedentes que lleven el debate a plantear, como él abogado dice: “el poder judicial puede aclarar la interpretación de la ley y facilitar la comprensión de qué debe entenderse por consumo personal, qué es un cultivo para consumo personal y si a ese cultivo que se desarrolla en la intimidad del hogar le es o no aplicable lo del permiso del SAG”.

Uno de los puntos clave de este tema tiene que ver con el organismo dedicado a la prevención y rehabilitación: el ex CONACE, ahora llamado SENDA. Este organismo público depende del Ministerio del Interior, lo que, para los interesados en poner a la marihuana en el debate público, es un contrasentido. Para Felipe, “el mayor argumento en contra de las drogas es lo nocivas que son para la salud, entonces no entiendo por qué no forma parte del Ministerio de Salud”.

Desde el punto de vista del abogado Mendoza, “si lo que protege la legislación de drogas es la salud pública, no parece racional que dependa del Ministerio del Interior y Seguridad Pública. Muchos de los problemas no deseados vinculados a las drogas son causados por el sistema de prohibición y de esta manera no se logra más que perpetuar el problema y la salud pública queda totalmente a la cola”.

Los medios de comunicación

Si ya se ha dado cuenta de que los actores dentro del conflicto de la despenalización del consumo de Cannabis Sativa son la sociedad en conjunto y los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, falta todavía uno por nombrar, uno que, para todos los entrevistados es igual de relevante a la hora de crear igualdad: los medios de comunicación.

Los medios de comunicación, en teoría, deberían intentar mostrar diversidad a la hora de informar. Mostrar diferentes historias y personas que den cuenta, lo más completamente, de la realidad. Para ello, se requiere que los medios sean responsables e informados a la hora de difundir ciertos temas. Sin embargo, en la opinión del experto en el tema, Pedro Mendoza, lo hacen “bastante poco. La información se centra en usuarios que por lo general son problemáticos y casi sin excepción en los efectos negativos, que sin duda los tiene, pero en el contexto de las substancias psicoactivas que están disponibles, (la marihuana) es la que menos efectos negativos genera tanto para el usuario como para la comunidad”.

La razón de esto radica, en su opinión, en la relación perversa que existe entre los medios tradicionales y sus avisadores: “los auspiciadores deben poner limitaciones a la opinión sobre este tipo de procesos, creo que en la medida que drogas legales financian los medios, estos se la juegan más por sus patrocinadores, el avisaje de drogas como el alcohol o de las farmacias es increíble”, opina.

Tanto Mendoza como Felipe y Nicole coinciden en su opinión respecto de internet en la labor informativa que posee. Para el abogado, “es vital en el debate, tener acceso a la mejor materia prima para discutir e informarse de un tema al alcance de un click es muy útil”. Y para los jóvenes activistas, la web “informa muchísimo más que cualquier otro medio de comunicación, tienes miles de opiniones diferentes y tú elijes qué opinar o creer, produce total responsabilidad a la hora de tomar una decisión”.

La relación que existe entre el poder político-económico y con el poder social es bastante lejana, por no decir desigual. Se manifiesta en diversas áreas de la sociedad y si bien es un tema que atañe a consumidores y sus familias, es un precedente para otros temas de libertades personales. Para Pedro Mendoza, la manera de actuar por parte de la ciudadanía es “insistir en cultivar nuestros derechos y ejercer la garantía constitucional del derecho de petición. Presentar peticiones a la autoridad en términos respetuosos y convenientes sobre este asunto que nos preocupa”

Fuente: elconcecuente