Nuestra propia marihuana

Foto: news.at

Cuando hace tan solo medio siglo Rafael Mechoulam y sus colegas del Departamento de Química Medicinal y Productos Naturales de la Universidad Hebrea de Jerusalén se preguntaban de dónde provenían los efectos de la marihuana, nadie conocía la respuesta, al menos no desde un punto de vista científico.

Lo sorprendente es que esta droga milenaria, utilizada por millones de personas a lo largo de la historia, seguía siendo un enigma farmacológico a mediados del siglo XX, hasta que en 1964 el Dr. Mechoulam describió –por vez primera- la estructura química del Delta-9-tetrahidrocanabinol o THC, es decir el principio activo de la marihuana.

Sin embargo, tuvo que transcurrir un cuarto de siglo para que Howlett Allyn, profesora de fisiología y farmacología de la universidad de Wake Forest en EU , descubriera los sitios de unión molecular, o receptores celulares, donde la marihuana inicia sus efectos en el cerebro humano.

Hace poco menos de 20 años nuevamente Mechoulam sorprendió a la comunidad científica con el descubrimiento de la anandamida. Esta molécula, que tiene propiedades muy parecidas a la marihuana, fue encontrada en el Instituto Weizmann de Ciencias de Israel, ni más ni menos que en el cerebro de un animal nada kosher – el cerdo.

El descubrimiento de la anandamida (cuyo nombre proviene del sánscrito y significa algo así como éxtasis o la máxima alegría) ha abierto el camino a nuevas investigaciones sobre sustancias naturales de nuestro cerebro, parecidas a la marihuana, y que se unen para producir sus efectos a los mismos receptores que el THC. Por esto se las llama endocanabinoides (como quien dice: marihuana orgánica, no vegetal).

Uno de los científicos que más ha contribuido con estas investigaciones es el mexicano Oscar Próspero García, actualmente a cargo del Laboratorio de Canabinoides del Departamento de Fisiología, de la Facultad de Medicina, en la UNAM. El Dr. Próspero García en 1995 y sus colegas, describieron por primera vez la oleamida, una sustancia de tipo oleico o graso, que se une a los mismos receptores de la marihuana. En la actualidad ya se han descrito otros varios endocanabinoides y compuestos similares.

Para poder entender la trascendencia médica y científica de estos descubrimientos basta tan solo considerar que actualmente se sabe que los endocanabinoides ya ofrecen alternativas para remediar problemas de salud relacionados con el movimiento (cerebelo), el pensamiento (corteza frontal) y la memoria (hipocampo), entre otros.

En el más reciente número de la revista Salud mental (Instituto Nacional de Psiquiatría), aparece un artículo que aborda la relación entre insomnio, estrés y canabinoides, donde el Dr. Próspero García y otros cuatro investigadores mexicanos especulan sobre las ventajas de tratar ciertas alteraciones emocionales, sobre todo provenientes de experiencias traumáticas (estrés), con medicamentos similares a la marihuana evitando sus efectos nocivos.

Por otra parte, en una entrevista reciente al Dr. Mechoulam, dijo que la vida es difícil en todas partes, la ansiedad y la depresión aparecen frecuentemente; es lógico, entonces, que la mayoría de nosotros tratemos de modificar el malestar; es por eso que la gente usa marihuana… así de simple.

Fuente: El economista

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